Mikrorrelatoak

Elogio de mi ventana

Nunca he sido mujer ventanera. Hasta ahora trataba a las ventanas con cierto desdén, como un prosaico elemento de construcción necesario para ventilar la casa, protegerme de las inclemencias del tiempo, aislarme del ruido o como atalaya desde la que mirar entre visillos con discreción algún acontecimiento relevante en el pueblo. Poco más, representaban únicamente la frontera entre mi vida familiar y el exterior. Ahora, sin embargo, me he reconciliado con ellas, las miro de otra manera, con amor y reconocimiento. Las he humanizado.

Las ventanas durante este confinamiento son los labios con lo que beso, los dedos con que acaricio, la dosis de vitamina D que necesito, la garganta con que grito, me rebelo y canto. Y, sobre todo, el espejo que pone rostro a vecinos a los que hasta ahora no lo tenían. Todas los atardeceres, a las 8 las ventanas de mi casa y las de enfrente se hermanan y se convierten en puentes que unen orillas de un mismo río. Al ritmo de los pitidos del tren, juntos, como hermanos recién reencontrados, agradecemos con nuestros aplausos la  impagable labor de nuestros sanitarios y de las personas que permiten que comamos cada día. Desde el cambio de hora ya puedo verlos con nitidez. Me aseguro cada día de que no falta nadie: los del 4ª con sus dibujos del arcoíris en la ventana, la embarazada que espera la llegada de la vida en estos tiempos inciertos, la abuela que se desplaza lentamente al balcón, el chico insomne que como yo sale a fumar todas las noches… Los cuento a todos como las andereños a sus alumnos en una excursión, y siempre sumo alguno nuevo.

Detrás de los cristales de mis ventanas aguardan grandes aventuras para mi nieta, que cada vez que puede se nos escapa a una para ver los pájaros o los árboles o a las pocos personas que pasan por debajo a hacer sus compras, como si estuviera leyendo un cuento

Elogio de mi ventana

Y para mí, las ventanas son el único medio de ver las caras de mis padres, a quienes no puedo abrazar desde hace 20 días. Una vez a la semana, aprovechando la salida a la compra, me acerco hasta su ventana y les pido que se asomen. En ese momento  la ventana que se abre es la frontera abierta al amor. Gracias Ventana puente, ventana beso, ventana abrazo, ventana frontera abierta, ventana espejo, ventana cuento… Prometo engalanarte con las mejores flores cuando pase esta pesadilla. 

La primavera agita sus brazos hasta nuestras ventanas. ¡Quédate en casa!

Begoña Saiz Ruiz de Loizaga

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